¿RÉQUIEM POR LA CONSTITUCIÓN DE COLOMBIA?

¿RÉQUIEM POR LA CONSTITUCIÓN DE COLOMBIA?

 Camilo González Posso

Lo que no han logrado 41 reformas  ahora lo están logrando  la corrupción y la parapolítica: acabar con las apuestas democráticas de la Constitución Política aprobada en 1991.

El escándalo por la corrupción en la Corte Constitucional puede atribuirse a pocas personas que han convertido el delito en su método de trabajo en el más alto tribunal del ordenamiento jurídico de Colombia. Pero desafortunadamente está arrastrando al colapso a la institución misma y desde allí, como en un castillo de naipes, sacude toda la estructura de las Cortes que sufren del mismo mal: unas y otras han sido progresivamente infectadas por lo más putrefacto de la política clientelista y por los aliados de quienes edificaron su poder sobre la base de asociaciones macrocriminales para apropiarse de lo público, de tierras o subsuelo y de rentas ilegales.

La Constitución de 1991 fue una transacción entre visiones socialdemócratas, socialcristianas, de liberalismo social con otras de corte neoliberal. Pero en medio de un diseño vario pinto quedaron elementos democráticos que hacen diferencia con el Estado del Estado de Sitio que se impuso por décadas para amparar dictaduras, dictablandas  y modalidades de un Estado para la guerra. No ocurrió una revolución pero sí un reformismo en el cual quedaron elementos de corte democrático como la carta de derechos, la tutela, la protección a la propiedad colectiva de comunidades étnicas y de bienes ambientales y en particular algunos contrapesos al presidencialismo y al poder clientelista entre los cuales sobresale el rediseño de las cortes. Así se le dieron poderes de control a la Corte Suprema de Justicia y se creó la Corte Constitucional y la Fiscalía.

Gracias a esos contrapesos en la arquitectura estatal la presión democrática en contra del paramilitarismo y el poder mafioso se expresó en el juicio a Congresistas, gobernantes regionales y altos funcionarios. Entre 2002 y 2014 fueron condenados decenas de estos personajes, muchos de ellos artífices de la YidisReforma y del triunfo de los refundadores en las elecciones del 2002 y el 2006.

La arremetida por neutralizar ejercicios autónomos de justicia no tardaron en esta historia de los últimos 25 años pero el actual capítulo de cooptación  se inició  con los instrumentos que le dio al régimen la aprobación fraudulenta de la reelección.  Los  agentes de la parapolítica y de las mafias legalizadas que viven de apropiarse de lo público fueron incrustándose en las cortes, Procuraduría y demás órganos de control. Así lograron neutralizar la incursión de la justicia en las cloacas del Congreso y de los grupos y gobiernos que acompañaron la guerra en alianza con los paramilitares. Con la presencia de estos sujetos en las Cortes y en órganos de control se hicieron lentos los procesos y  escasos los nuevos inculpados. El paso siguiente ha sido  diseñar reformas de todo el andamiaje del Estado para dar fuero especial a los corruptos e impunidad a sus agentes en la cosa pública. En eso están por estos días.

Ahora estamos ante el colapso de la Corte Constitucional y en la crisis de todo el aparato judicial. Nadie duda que hay que hacer una reforma de fondo y rápido. Pero en ese escenario terapéutico los pronósticos son regulares. Hay reformadores de todo tipo y en el Congreso se tranza con los que se han sentido amenazados por las Cortes o por los que están haciendo el curso para delinquir haciendo mandados a negociantes o para su propio beneficio. La prueba inmediata es el proyecto denominado de  equilibrio de poderes. Y en medio del desorden otros están preparando la reforma a las Cortes y a la tutela. Hasta donde lleguen dependerá del contrapeso que hagan las fuerzas que quieren aprovechar la coyuntura de  construcción de paz. De ellos depende que esta coyuntura no se convierta en el desmonte definitivo de lo que queda de Estado Social de Derecho. Los dilemas son tremendos: O se hace reformismo democrático radical o aquellos acaban de  “refundar la patria”.

camilogonzalezposso@gmail.com – marzo de 2015

 

 

 

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