A PROPÓSITO DE LA HISTORIA RECIENTE DE COLOMBIA

Por: Stella Cano Arango

El Centro de Memoria, Paz y Reconciliación ofreció una cátedra virtual de Memoria e Historias Recientes, en la que presentó un panorama del conflicto armado que vivió el país durante el Siglo XX
y que hoy, hacia la segunda década del siglo XXI, aún intenta resolver mediante una negociación política.

Es innegable que dicho conflicto no sólo hace parte ya de la cultura
colombiana, si no que se ha tornado en la etiqueta más visible de su
dramática historia, hasta el punto de que en el imaginario popular,
pareciera imposible concebir una sociedad pacífica. Pero como dice
Johan Galtung “el hombre es un ser con capacidad de paz”, 1 una
capacidad que como cualquier habilidad o saber, debe desarrollarse
mediante el conocimiento y la práctica.

Pues bien, la Cátedra respondió a ese postulado y a la necesidad de
motivar la profundización del conocimiento sobre los orígenes,
dinámicas, actores y evolución de la historia sociopolítica del país,
signada por la violencia y las armas.

Uno de los principales valores del curso fue su excepcional
oportunidad por la coyuntura de las conversaciones que adelantan el gobierno del Presidente Santos y la más grande organización
guerrillera, FARC- EP en La Habana, tendientes a conseguir la
desmovilización, desarme, y firma de un acuerdo de paz que ponga fin a la lucha armada como instrumento político en Colombia. Lograrlo es una tarea de toda la sociedad que deberá entregar su contribución en altas dosis de comprensión para lo cual se requiere
conocimiento; perdón para el que se necesita valoración de lo
sucedido y de lo que puede ganar la sociedad con el cambio de
estatus, y una mutación de actitudes y comportamientos para
superar odios, resentimientos y deseos de venganza. En mi opinión, la Cátedra señaló el camino que nos espera porque como dijo Galtung: “Si quieres la paz, prepárate para la paz” .* 2

El conflicto colombiano actual surge en el contexto internacional de la Guerra Fría y la Revolución Cubana que generó, en Latinoamérica la esperanza de lograr cambios sociales mediante revoluciones armadas y que encontró en el país un ambiente propicio dadas entre otras, tres situaciones que se constituyen como sus principales causas, a saber: El problema del uso, tenencia y apropiación de la tierra, la incapacidad del Estado para controlar la periferia de su territorio y un sistema político cerrado y excluyente.

Este breve ensayo intenta, a la luz de la teoría del conflicto de Johan
Galtung, analizar esas tres contradicciones no resueltas en la realidad sociopolítica colombiana, que han generado violencia endémica, tanto directa como cultural y estructural, por más de 60 años.

1. EL PROBLEMA DEL USO, TENENCIA Y APROPIACIÓN DE LA
TIERRA
“Los campesinos sin tierra somos como el ave sin árbol,
el pez sin agua, así somos”3

El problema de la tierra ha sido, a través de la historia de Colombia un factor de conflicto social tramitado mediante acciones violentas de amenaza, chantaje, despojo y muerte, como medios de apropiación y tenencia de la misma.

Sus protagonistas han sido los pequeños propietarios, los campesinos, los colonos y también los indígenas enfrentados a latifundistas, terratenientes paramilitares y narcotraficantes, en una historia que se inicia desde finales de la Colonia; se intensifica en el siglo XIX; se agudiza en la segunda mitad del siglo XX por las luchas en los Llanos Orientales y el centro occidente del país, con la aparición en escena de Guadalupe Salcedo, Jacobo Arenas y Manuel Marulanda Vélez, entre otros; y hace crisis durante las dos últimas décadas del mismo siglo XX y lo transcurrido del actual, con el despojo sistematizado del paramilitarismo, el narcotráfico y las bandas emergentes.

El problema aún continúa y la solución está pendiente dado que como dice Absalón Machado: “En Colombia no ha habido una política pública de tierras como proyecto nacional que busque resolver los problemas de los pobladores rurales y el desarrollo de la democracia política y económica en el sector rural, pero si ha existido una política de tierras para beneficio de un grupo privilegiado de propietarios, lo cual explica en buena parte los conflictos que se han escenificado en ese sector.”4

Y a pesar de la política pública de restitución de tierras aprobada por
el Presidente Santos en 2011, el ciclo de violencia no termina porque dicha ley ha generado en algunas regiones del país, el acallamiento y la muerte de algunos líderes, hombres y mujeres, de los procesos de denuncia y trámite de la restitución. Para el 2011 según El Tiempo fueron más de 50 líderes asesinados.*5 Como se puede apreciar el problema de la tierra ha sido, y es en la actualidad, un factor que continúa generando los tipos violencias que distingue Galtung así:

-Directa por asesinato de los reclamantes y por desplazamiento
forzado. 6´044.151 desplazados a noviembre de 2014*6 de cuyo
número el despojo y abandono de tierras representó, el 44% de los
desplazamientos originados en el país según Codhes.*7

-Cultural que se manifiesta en el trauma, el desarraigo, el deseo de venganza y la polarización con efectos a largo plazo porque no es tan fácil superar traumas, sanar resentimientos y transformar una cultura violenta en una cultura de paz.

-Estructural que se ocasiona como consecuencia de la injusticia, la
desigualdad y la falta de oportunidades de la población rural. La
concentración de la propiedad en unas pocas manos y la falta de
acceso a la tierra de grandes mayorías. A nivel de la sociedad en
profundización de brechas sociales, en atraso del campo y rezago de
la agricultura en un país con excelentes tierras que podría ser una
despensa alimentaria para el mundo.

2. FALTA DE CONTROL DEL ESTADO EN LA PERIFERIA DEL
TERRITORIO NACIONAL

“Los actores del conflicto se erigieron en el poder de hecho en
regiones enteras. Por periodos largos y en territorios extensos
guerrillas y paramilitares suplantaron al Estado en sus tareas
esenciales; el cobro de impuestos y la provisión de seguridad sin quien les pusiera límite…” 8

Hay diversos estudios que han buscado caracterizar el Estado en
Colombia desde su ausencia y su presencia. En lo que todos
coinciden es que no se puede pensar el Estado sin la paradoja de su
histórica presencia y ausencia simultánea. “La presencia de las
instituciones estatales es altamente diferenciada en el espacio y el
tiempo, según sea la interrelación entre la configuración de las
regiones y su inserción en la vida económica y política de la nación”*9

De este modo, hay que ver que el Estado no es un ente homogéneo
sino que tiene una presencia diferenciada y desigual de sus
instituciones a lo largo del territorio nacional, y tanto las ausencias
como sus presencias han detonado y le han dado continuidad al
conflicto armado.

Las contradicciones estructurales que producen frustración en los
gobernados, explican la permanencia del conflicto que se da tanto por las ausencias como por las presencias de Estado.

Parte de esta reflexión implica entender que en territorios marginales del Estado, como Cauca, Arauca y las zonas amazónicas de colonización que incluyen a Guaviare, Putumayo, Vichada, y
Amazonas, donde se ha dicho que hay una supuesta ausencia de
Estado, lo que se da, son ausencias (o presencias débiles) y
presencias particulares del mismo. Las ausencias o presencias débiles en estos territorios se evidencian en infraestructura vial, educación, salud, protección efectiva de los derechos humanos y garantías constitucionales, como también en el reconocimiento de derechos a minorías étnicas en vías de extinción, y frente a políticas para el desarrollo de la economía campesina. Estas ausencias pueden darle continuidad a conflictos sociales que no se resuelven y que alimentan el conflicto armado.

Así mismo, las presencias de Estado en estos territorios marginados,
que se conciben desde las élites políticas como fuera de la ley y
controlados por actores armados, donde los habitantes; colonos o
desplazados son tratados como campesinos ilegales por la siembra de cultivos de coca y estigmatizados como colaboradores de la insurgencia. Destacan también las presencias coercitivas de Estado:
presencia militar, fumigaciones, bombardeos que afectan población
civil, y por legislaciones con sesgo anti-campesino como la  legislación agraria que favorece privilegios de grandes propietarios con modelos agro-industriales y políticas disfrazadas para mantenerlos tipo AIS, la acumulación de tierras y el despojo en casos como, por ejemplo, Carimagua.

“ Los intentos de Reforma Agraria y la consiguiente movilización
campesina impulsada por la Asociación Nacional de Usuarios
Campesinos ANUC, fueron interpretados como una amenaza al statu quo regional, ante lo cual las élites regionales y locales
reaccionaron apelando a la fuerza, con apoyo de los cuerpos de
seguridad estatal, especialmente cuando el gobierno de Misael
Pastrana dio marcha atrás a los propósitos reformistas.”10

Son estas presencias débiles de Estado en territorios donde
supuestamente está ausente, las que explican también la permanencia del conflicto armado, y generan además de violencia directa, violencia cultural y por ende, estructural pues entre otras cosas, alimentan una oposición frente al Estado que se resuelve por medios violentos (acá está la violencia política) y genera procesos con los que se auto legitima el accionar contra-insurgente.

3. LA DEMOCRACIA LIMITADA Y EXCLUYENTE EN
LA PRÁCTICA POLÍTICA

El título de este capítulo es en si mismo contradictorio y plantea de
entrada algunos interrogantes: ¿Puede una democracia ser limitada y excluyente cuando por definición se entiende a este sistema político como sustentado en instituciones que garantizan la libertad de los ciudadanos para elegir y ser elegidos, con unas mínimas garantías de igualdad de oportunidades? ¿Es posible hablar de democracia política cuando no hay democracia económica y los electores, dadas sus carencias, se ven en la necesidad de comprometer su voto para lograr un empleo, una beca de estudio para sus hijos o la posibilidad de conseguir un techo y en los casos más dramáticos, un almuerzo?

Pero la precariedad de la democracia Colombiana va más allá de sus limitaciones de estrechez, exclusión y mínima rotación de élites porque su práctica ha sido constreñida por la violencia de una clase hegemónica que pretende mantener sus privilegios económicos,sociales y políticos evitando, por las armas el libre ejercicio de la política y cerrando espacios a la participación de nuevos grupos sociales y partidos políticos. Dice al respecto el Informe ¡Basta Ya! Colombia: “La memoria de la guerra es la memoria de un déficit de ciudadanía y de democracia, de un uso arbitrario y maniqueo de los mecanismos de participación y decisión, pues se reclama democracia cuando favorece posturas e intereses propios y se atenta contra ella cuando reconoce los intereses y derechos de los otros”11

En efecto, la historia de Colombia desde sus inicios como nación se ha caracterizado por presentar una simbiosis entre violencia y política, la primera ha sido por excelencia el instrumento para ejercer la segunda y vencer al oponente en la contienda política, prueba irrefutable de ello fueron acontecimientos como: La guerra de los Mil Días, la violencia de Boyacá en lo que Javier Guerrero llamó “Los Años del Olvido”; la violencia política de 1946 a 1964 que cobró más de 250.000 muertos; el Genocidio de la UP; el conflicto armado de las últimas guerrillas; y de los paramilitares en las últimas décadas del siglo XX y las primeras del siglo XXI. Es que la naturaleza y la elemental definición de la palabra “democracia” excluye de su significado cualquier connotación de violencia, y a pesar de esto, se sigue considerando a Colombia un país democrático.

“Guerra y violencia se constituyen en dos fenómenos sociales y
políticos que definen las relaciones de desconocimiento y exclusión
entre adversarios, aniquilando las posibilidades de la democracia
como práctica política que se reconoce y potencializa en la
diferencia”12

Después de diez procesos de paz adelantados en el país, y de una
reforma sustancial a la Constitución Nacional, plasmada en la Carta
Política de 1991, en la que se trató de ampliar, a través de distintos
mecanismos de participación e incidencia en las instituciones como
fue la tutela, las acciones populares, y la consagración de Colombia
como un Estado Social de Derecho, el país no logra aún gozar de una
verdadera democracia.

“La exclusión política, característica omnisciente del sistema político
colombiano, se aplica también a los distintos actores, sin que
realmente las soluciones a los problemas estructurales se vean
reflejadas en políticas de Estado de largo alcance. ”13

Innumerables son los efectos, las heridas y las cicatrices que deja el
uso de la violencia como arma política en los individuos, en sus
cuerpos (abuso sexual), en sus mentes (miedos, traumas, paranoias)
en sus pertenencias (pérdidas patrimoniales, abandono de parcelas)
actitudes (intolerancia, pérdida de autoestima) y comportamientos
(agresividad); también en el inconsciente colectivo (polarización,
revanchismo, deseos de venganza), en las costumbres, en el lenguaje, la cultura y en la sociedad toda. Para expresarlo en términos de Galtung la violencia directa, estructural y cultural tan
estrechamente relacionada y dependiente una de la otra, y tan
patéticamente evidente en el país y en sus habitantes.

No se puede desconocer el estado de polarización en que vive
actualmente Colombia, la incapacidad de sus dirigentes para lograr
acuerdos o consensos, la estigmatización permanente a la que son
sometidos unos y otros. La indiferencia ante el “todo vale”, la
corrupción, la contemporización de la sociedad con la cultura mafiosa y el dinero fácil, o lo que Médófilo Medina llama “el pragmatismo amoral” por la modificación de valores que define como: “combinación ambigua de valores legítimos con valores de muerte”14

El reto que tiene Colombia para lograr, más allá de la firma del
acuerdo de La Habana, una paz sostenible y duradera, será la
solución de las tres contradicciones que tienen que ver con la tierra, la democracia y la presencia efectiva y homogénea del Estado en todo el territorio. Resolverlas exige reformas estructurales en el orden económico, político y social que permitan superar las profundas brechas en el desarrollo del país, que como dijo Galtung “are making the higher levels richer and richer at the expense of the lower levels, producing the famous “gaps” in development.”*15 Cambios y reformas que permitirán acceso a servicios y bienes públicos de calidad en educación, salud, infraestructura vial, empleos dignos, saneamiento básico, reconversión industrial y asistencia técnica en agricultura, entre otras medidas para el campo colombiano en particular y también para el país en general. Sistemas de participación política y fortalecimiento democrático con posibilidades de participación libre y segura mediante los cuales se tramiten de manera civilizada, las contradicciones sociales inherentes a la convivencia y a la dinámica social, desterrando para siempre las armas y la violencia de la contienda política.

REFERENCIAS Y BIBLIOGRAFIA
1. Galtung Johan. Paz por Medios Pacíficos. En Paz y Conflicto, Desarrollo y
Civilización. Bilbao. Gernica 2003
2. Ibidem
3. Orlando Ospina.Canción Campesina.
En http://www.youtube.com/watch?v=DuZWDL_acyU
4. Machado Absalón. Ensayos para la historia de la Política de Tierras en Colombia.
http://www.cid.unal.edu.co/cidnews/archivos/Política-de-Tierras-en-Colombia
5. El Tiempo en http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-9064506
6. Unidad para la Atención y Reparación Integral a las víctimas. Noviembre 2014
7. Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento CODHES
8. Ronderos María Teresa. Guerras Recicladas. Ed. Aguilar. Bogotá 2014
9. Gonzales G.Fernán en Odecofi-Cinep. Configuración Regional y Violencia en Territorio y Conflicto en la Costa Caribe.
10. Ibidem
11. Grupo Memoria Histórica. ¡Basta Ya! Colombia Memorias de Guerra y Dignidad.
12. Medina Gallego Carlos.FARC-EP Notas para una Historia Política
13. Ramírez Bacca Renzo y Jimenez Patiño Hernán David. Guerra y Paz, una revisión conceptual. Una interpretación para el caso colombiano. Historia del Caribe Vol IX Nº 24 enero-junio de 2014
14. Medina Medófilo. El Rompecabezas de la Paz. La Carreta Editores. Medellín 2014
15. Galtung Johan. Non Territorial Actors and the problema of peace on the creation of Just world Order. http://www.trascend.org/galtung/papers/nonterritorial%20Actors

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